Escucho el silencio. O el bullicio de los vecinos. O el bullir de la cocina. Huelo el cocido y las flores y la limpieza de la ropa que se seca. Siento el barrio. Reconozco los adoquines, los balcones, las calles empinadas. Y veo en su mirada toda la vida de la mujer de negro que en una brizna de luz busca entre las paredes su pasado.