Poco más de cien kilómetros separan a nuestro país de este mercadillo y sin embargo, no veía algo parecido desde hace muchos años. Mientras las cocineras asan interminables cuerpos de pollos ensartados, los otros componentes de la familia lavan vasos o se apresuran a atender las mesas. Huele a carbón y a carne asada desde lejos por lo que, aunque la hora no invite a comer cuesta resistirse al aroma y al delicioso sabor de las aves. ¿No escuchas su aroma en la foto?

