Para el oído, el aleteo de las golondrinas bajo los aleros. Para el tacto, los nervios de madera que sostienen las casonas desde hace siglos. Para el gusto, el hornazo recién cocinado. Para el olfato, la leña de encina que alimenta el horno de la panadería, la levadura fermentando y la limpieza de la ropa tendida. Para la vista, esta imagen. 