Veinticuatro horas al día, siete días a la semana, cuatro semanas al mes, cincuenta y dos semanas al año, cien años cada siglo, siglos y siglos las piedras del lecho reciben el beso del agua, dejan que la corriente moldee su perfil y dirigen su curso. Ni agua ni piedra serían lo mismo si el otro faltase por eso seguirán juntos, como la hiedra que abraza al árbol.