Al caer la tarde las gaviotas buscan entre la arena tesoros escondidos o delicias de coquinas despistadas. El cobre de la playa se viste con las plumas plomizas que picotean el suelo. En invierno, al caer la tarde en la playa sólo se escuchan los gorgojeos de las aves y el suave impacto del mar que se acerca a la orilla. Entonces un brote de libertad surge corriendo en medio de esa postal y el aire se puebla de aleteos blancos que se confunden con la espuma de las olas más valientes. 