En Málaga está prohibida la tristeza.
Las Bodegas Quitapenas embotellan dulces lágrimas doradas con las que ahogar el llanto. El lamento se pierde entre el bullicio del bar Quitapenas, perfumado de fermento y alfombrado con cabezas de gambas y servilletas arrugadas. Si el vino y la fritura no han podido con la amargura, aún queda la Calle Quitapenas donde pasear perdiendo la mirada en el horizonte marino y dejar que la brisa se lleve lejos los pesares.