¿Quién duda a estas alturas de la particular forma de ver la vida que tiene el pueblo andaluz? Instalar parrillas sobre la arena de la playa para asar sardinas espetadas y degustarlas chupándose los dedos ya resulta tan curioso como agradable pero el letrero de esta cocina sería inconcebible en cualquier otro lugar del mundo: "Estoy sentado tranquilamente en el salón de mi casa. Ven a por mí".