Corre, antes de que se ponga el sol. Por un laberinto de geranios, antes de que se pusiera el sol, me llevó la niña de ojos que miran dentro y boca que expulsa estrellas. Por la estrecha callejuela Jazmines corría detrás de su sonrisa y en cada requiebro encontraba un guiño de chiquilla o un vergel de macetas. Llegamos al balcón del que cuelga La Villa entre los murmullos del agua en las fuentes y presidimos los olivos a nuestros pies como puñados de pétalos arrojados. El sol ya se había dormido pero el silencio del valle nos regaló el oído, el pardo de la tierra la vista y los latidos apresurados, la felicidad.