Pisando estos escalones con cinco siglos de edad cuesta imaginar como podían subir por ellas los cuerpos degollados de las reses que sacrificaban en el matadero de la planta inferior para luego ser vendidas en el mercado de la planta superior. Situadas en un bello patio de obligada visita turística, con sus piedras impolutas y un silencio que rebota en las paredes, las Carnicerías Reales de Priego tienen hoy más aire de patio de colegio mayor o de claustro de monasterio. Aún así conviene cerrar los ojos e imaginar esa misma plaza abarrotada de carne caliente, entre un bullicio de gente y moscas revoloteando alrededor para elegir la mejor pieza. 
blanco — 14-04-2005 19:52:57